Políticas laborales son clave para proteger empleos e ingresos ante COVID-19

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Por Claudia Martínez

El distanciamiento social ha sido una medida implementada para enfrentar al coronavirus, no obstante, su efecto también ha impactado en los mercados de trabajo de manera global –tan sólo en México se han perdido 346,878 empleos formales y la cifra sigue a la alza, según datos de la STPS – . En este sentido, las políticas laborales pueden ayudar a mitigar los efectos adversos durante la crisis y facilitar la recuperación económica.

Durante el seminario en línea ¿Cómo proteger los empleos e ingresos laborales? organizado por el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) se explicó la importancia de las políticas laborales, las cuales radican en dos aspectos: mitigar costos sociales (protección de ingresos) y aumentar posibilidades de recuperación económica.

Es decir, por un lado, estas medidas buscan ofrecer un ingreso a la población más vulnerable como los trabajadores informales, las personas en situación de pobreza y las personas desempleadas. Por otro, permiten reducir las pérdidas de empleos, aspecto que encima de traer costos sociales, produciría pérdidas en productividad y retrasos en la recuperación económica.

Diseño y características

Para David Rosas, especialista principal en BID, el diseño de estas políticas debería ser en tres periodos: de intervención inmediata, para que la gente se quede en casa y contener el virus. A corto plazo, con el fin de moderar la pérdida de empleo y suavización del consumo. A mediano plazo, con la meta de estimular la recuperación del empleo formal.

Durante las dos primeras etapas se requieren apoyos a través de transferencias monetarias a personas beneficiarias de tal tipo de programas así como para trabajadores informales y desempleados. Para trabajadores formales en riesgo de perder su empleo o que lo han perdido, las empresas necesitan subsidios para mantener el empleo y brindar seguros de desempleo.

En contraste, en la etapa de mediano plazo, no se establece ningún tipo de transferencias monetarias a personas beneficiarias de programas ni para trabajadores informales y desempleados. Pero, se implementan programas de capacitación sectorial y, los subsidios a empresas continúan para aumentar el empleo. El seguro de desempleo se encuentra atado a capacitación e intermediación.

Según Carolina González, especialista de la División de Mercados Laborales del BID, cada país debe tener en cuenta sus especificidades para el diseño de estas políticas y considerar:

*La heterogeneidad de los efectos de la pandemia en el territorio. Crear políticas que de manera explícita atiendan el mercado de trabajo de cada región.
*La existencia de programas previos, ya que implementar uno desde cero toma mayor tiempo (las medidas para proteger los ingresos de trabajadores y evitar despidos masivos no son equivalentes a las medidas de transferencias a hogares con pobreza estructural o los créditos subsidiados a empresarios).

*La capacidad de identificar a los beneficiarios así como la capacidad fiscal de cada país.
Para proporcionar ingresos a trabajadores, países como Jamaica y Colombia han implementado transferencias económicas y seguros de desempleo. Mientras que para preservar el empleo, en Brasil y Chile se ha otorgado a empleadores subsidios para los pagos de impuestos, nómina y seguridad social, por mencionar algunos ejemplos.