Polarización en tiempos electorales es parte de la política experto

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Ante las diferentes posturas y propuestas de los aspirantes a la Presidencia de la República, los mexicanos se han dividido entre aquellos que ahora son llamados “Amlovers”, por seguir al candidato Andrés Manuel López Obrador, y los que votarán por Ricardo Anaya, José Antonio Meade o incluso por Jaime Rodríguez “El Bronco”, para dirigir este país.

Esta polarización ha llevado a los electores a tener acaloradas discusiones con integrantes de su familia y amigos, a publicar agresiones en redes sociales en las que se señala que elegir a uno u otro aspirante presidencial es sinónimo de estupidez y en los peores casos, a realizar actos violentos, como golpear a los demás, simplemente por no compartir su opinión de quién sería mejor presidente de México.

“La polarización social tiene una lógica milenaria porque como decía Max Weber parte de la política es el conflicto. Entonces es natural que cuando tienes una postura política tienes un conflicto con otras personas pero esto no es igual a violencia, simplemente a diferencia”, explicó el sociólogo Daniel Reyes, quien trabaja en la Fundación Carlos Slim.

En entrevista con Notimex, el especialista egresado de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM) señaló que esta división que se da entre los mexicanos es resultado de la cantidad de información que hay disponible sobre las propuestas, proyectos o candidatos, lo que ha permitido que la gente tenga una postura política clara.

A ello, dijo, se suma que las elecciones son un momento para reflejar y reforzar esas diferencias sociales que se viven diariamente y que medios de comunicación y algunas autoridades no han sabido orientar a los electores a mantener una postura de manera pacífica.

“Eso deviene en violencia. El hecho de que votes por alguien diferente a mi lleva a dejarte de hablar, a atacarte en redes, o gritar en la calle, eso es porque han fallado los medios de comunicación, porque te presentan como algo moralmente malo que votes por un candidato o por otro, cuando aquí obviamente se trata de gustos”, opinó el joven experto de 32 años de edad.

Asimismo, dijo que en México existe la tradición de no hablar de religión, futbol y política, pues son temas controversiales que pueden llevar a la división. Sin embargo, para el sociólogo Reyes esto es un error.

“Deberíamos hablar de estos temas porque al no hacerlo se muestra que en México el proceso democrático como tal no ha permeado otras esferas más que en momentos electorales; no estamos acostumbrados a debatir, analizar, discutir, porque también nos espantamos y si yo pienso diferente a ti te sientes ofendido”, compartió.

Si bien este proceso de polarización no es exclusivo de países en vías de desarrollo, ni nuevo en México, en esta ocasión las redes sociales han hecho más visible la violencia que se puede alcanzar por tener una postura política diferente.

“En esta época se evidencia más por los medios, pero las condiciones son las mismas o similares a las elecciones de 1984, lo que pasa es que se interpretan de formas diferentes”, destacó.

Estas divisiones que la clase política ha generado a partir de sus proyectos y propuestas deben de terminar una vez que concluya el proceso y se elija nuevo presidente.

“Entonces será momento de sanar las heridas de la elección, de manera natural esas diferencias se van atenuando, porque no desaparecen, y al centrarse los medios de comunicación en otros temas irremediablemente bajará el fervor.

“La misma dinámica que se vive cotidianamente va a obligar a la gente a volverse a comunicar con compañeros de trabajo, a volver a agregar al tío al Facebook, a hablarle a tu hermano”, subrayó.

No obstante, de acuerdo con el entrevistado, el momento crucial para que los mexicanos se vuelvan a unir será el 1 de diciembre, día en que el nuevo presidente tomará posesión, ya que habrán terminado los procedimientos que legitiman la decisión de los ciudadanos.

Y si bien llegará el momento en que todos los mexicanos se volverán a unir, como ese 19 de septiembre de 2017 en el que la sociedad fue capaz de organizarse para levantar escombros y rescatar a la gente de las ruinas de edificios derrumbados por un fuerte sismo, no hay que dejarse llevar por la efervescencia del momento y agredir a los demás.